lunes, 12 de noviembre de 2012


Llanuras bélicas y páramos de asceta
no fue por estos campos el bíblico jardín ;
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
                                                                 Antonio Machado.

jueves, 10 de mayo de 2012

Un poco de mí, que ya es hora.

Hoy me he levantado realmente bien, Eva, la enfermera, no ha pasado por mi habitación, osea, que estoy totalmente lúcida, a si que aprovecho para contaros un poco sobre mí, ¿Os apetece?
Todo empezó una soleada mañana de primavera, nací con ocho meses y un peso de tres kilos y pico... Mi infancia fue como la de cualquier niña, crecí con el Barrio Sésamo, los Simpsons, Oliver y Benji, los looney tunes, el inspector Gadget, la familia picapiedra, con dinosaurios, Tom y Jerry... Y podría seguir así todo el día.  No viajaba mucho, mi familia era perfecta, tenía dos hermanos mayores que hacía todo lo horrible que podéis imaginar. Pero por lo demás una chica normal. A medida que iba creciendo, allá por los 12 y 13 años, la cosa empezó a cambiar, me volvía paranoica, pensando que todo el mundo hablaba de mí, empecé a preocuparme de mi peso, a intentar cambiar mi aspecto físico, e incluso, cuando tenía que decir la lección en clase no lo hacía porque pensaba que me iban a mirar todos mis defectos. A los 15 años padecía de anorexia. Hasta los 17 no me recuperé. Estuve más de un año pesando 29 kilos, cuando medía 1'76 metros. A los 18 mis padres me internaron en un centro de psiquiatría para tratarme los problemas mentales y de autoestima que tenía. Salí a los 19 recién cumplidos, ya estaba curada de la anorexia, pero otros problemas desencadenados por eso empezaron a surgir. Empecé a desconfiar de la gente que tenía más cercana, y cuando me decían cualquier cosa, o cuando hablaban entre ellos, siempre pensaba que tramaban algo contra mí. Afortunadamente no me pasaba siempre, cosa bastante rara en un trastorno mental. Con 20 años y pico me internaron de nuevo en un psiquiátrico, en el cual estoy ahora mismo, aquí me dan tranquilizantes muy fuertes cada vez que empiezo a ponerme nerviosa. Ahora mismo tengo 22, ya me conozco este sitio como si fuera mi propia casa... pero aún así, pienso que las paredes pueden oírte...
Soy lunática, ya sabéis quién he sido antes de convertirme es esto. Bueno, Eva ya me trae más pastillas, he de dejaros. Yo no estoy loca, creo.

miércoles, 9 de mayo de 2012

El amor te lo encuentras donde no lo esperas.

Esta mañana he viajado al pasado, al siglo XVII, sobre el 1673, tan solo en unas horas, he encontrado a alguien que me quiere, lástima que sea esquizofrénica y que solo sea feliz y esté tranquila cuando tengo más calmantes en el cuerpo que un hombre en una operación a corazón abierto. Lástima que viva en mundos paralelos... O quizás no...

A día de hoy mi cometido no es otro más que acompañar a mi amo; llevo sirviendo al Conde Wasser más de tres años, y hace cuatro lunas aproximadamente, empecé a notar un comportamiento extraño hacia mí; él está mucho más amable, no me obliga a vestirle ni a bañarle, costa que antes tenía que hacer dos veces por semana. Hace dos noches me pidió que si podía cocinar algo especial, y que si no era mucha molestia, le acompañara en la cena. Acepté.
El Conde no sabe que sé leer y escribir, y que estoy educada en la Fe cristiana, a pesar de mi procedencia árabe, tampoco que desde que era una niña, siempre he sentido admiración por su poder.
En medio del primer plato, me llamó por mi nombre, algo que no había hecho antes, porque sería rebajarse a mi nivel de sirvienta.
Estuvimos manteniendo una conversación de lo más agradable, me habló sobre los múltiples negocios que había pactado con el Rey Carlos II; hizo algún elogio que otro a su preciado caballo, e incluso me dio las gracias por la cena, que, cito textualmente: "El mejor cordero que mi paladar ha tenido la ocasión de degustar".
Cuando acabó la velada, me acompañó a unos aposentos que había obligado a las criadas a prepararme, en el mismo piso que el suyo propio, me soltó del brazo en la puerta y me dijo: "Espero devolverte toda la dedicación que me has mostrado en estos años, y la mejor manera para hacerlo, es pedirte que seas mi esposa a los ojos de Dios"

Y ahí me desperté. Ni si quiera sabía cual era mi nombre... A veces me pasa, que sé que existo, pero no sé quién soy. Ha sido, de hecho, una de las alucinaciones más logradas por mi cabeza... todos los datos históricos, la forma de cocinar, los recuerdos que tenía de esclava... Jamás había estudiado estos comportamientos, pero mi cabeza ya los conocía. Algunas veces pienso que he tenido más vidas que esta, y que tendré otra con más suerte en el futuro.

Soy Lunática, y no estoy loca, creo...