Hoy me he levantado realmente bien, Eva, la enfermera, no ha pasado por mi habitación, osea, que estoy totalmente lúcida, a si que aprovecho para contaros un poco sobre mí, ¿Os apetece?
Todo empezó una soleada mañana de primavera, nací con ocho meses y un peso de tres kilos y pico... Mi infancia fue como la de cualquier niña, crecí con el Barrio Sésamo, los Simpsons, Oliver y Benji, los looney tunes, el inspector Gadget, la familia picapiedra, con dinosaurios, Tom y Jerry... Y podría seguir así todo el día. No viajaba mucho, mi familia era perfecta, tenía dos hermanos mayores que hacía todo lo horrible que podéis imaginar. Pero por lo demás una chica normal. A medida que iba creciendo, allá por los 12 y 13 años, la cosa empezó a cambiar, me volvía paranoica, pensando que todo el mundo hablaba de mí, empecé a preocuparme de mi peso, a intentar cambiar mi aspecto físico, e incluso, cuando tenía que decir la lección en clase no lo hacía porque pensaba que me iban a mirar todos mis defectos. A los 15 años padecía de anorexia. Hasta los 17 no me recuperé. Estuve más de un año pesando 29 kilos, cuando medía 1'76 metros. A los 18 mis padres me internaron en un centro de psiquiatría para tratarme los problemas mentales y de autoestima que tenía. Salí a los 19 recién cumplidos, ya estaba curada de la anorexia, pero otros problemas desencadenados por eso empezaron a surgir. Empecé a desconfiar de la gente que tenía más cercana, y cuando me decían cualquier cosa, o cuando hablaban entre ellos, siempre pensaba que tramaban algo contra mí. Afortunadamente no me pasaba siempre, cosa bastante rara en un trastorno mental. Con 20 años y pico me internaron de nuevo en un psiquiátrico, en el cual estoy ahora mismo, aquí me dan tranquilizantes muy fuertes cada vez que empiezo a ponerme nerviosa. Ahora mismo tengo 22, ya me conozco este sitio como si fuera mi propia casa... pero aún así, pienso que las paredes pueden oírte...
Soy lunática, ya sabéis quién he sido antes de convertirme es esto. Bueno, Eva ya me trae más pastillas, he de dejaros. Yo no estoy loca, creo.
Todo empezó una soleada mañana de primavera, nací con ocho meses y un peso de tres kilos y pico... Mi infancia fue como la de cualquier niña, crecí con el Barrio Sésamo, los Simpsons, Oliver y Benji, los looney tunes, el inspector Gadget, la familia picapiedra, con dinosaurios, Tom y Jerry... Y podría seguir así todo el día. No viajaba mucho, mi familia era perfecta, tenía dos hermanos mayores que hacía todo lo horrible que podéis imaginar. Pero por lo demás una chica normal. A medida que iba creciendo, allá por los 12 y 13 años, la cosa empezó a cambiar, me volvía paranoica, pensando que todo el mundo hablaba de mí, empecé a preocuparme de mi peso, a intentar cambiar mi aspecto físico, e incluso, cuando tenía que decir la lección en clase no lo hacía porque pensaba que me iban a mirar todos mis defectos. A los 15 años padecía de anorexia. Hasta los 17 no me recuperé. Estuve más de un año pesando 29 kilos, cuando medía 1'76 metros. A los 18 mis padres me internaron en un centro de psiquiatría para tratarme los problemas mentales y de autoestima que tenía. Salí a los 19 recién cumplidos, ya estaba curada de la anorexia, pero otros problemas desencadenados por eso empezaron a surgir. Empecé a desconfiar de la gente que tenía más cercana, y cuando me decían cualquier cosa, o cuando hablaban entre ellos, siempre pensaba que tramaban algo contra mí. Afortunadamente no me pasaba siempre, cosa bastante rara en un trastorno mental. Con 20 años y pico me internaron de nuevo en un psiquiátrico, en el cual estoy ahora mismo, aquí me dan tranquilizantes muy fuertes cada vez que empiezo a ponerme nerviosa. Ahora mismo tengo 22, ya me conozco este sitio como si fuera mi propia casa... pero aún así, pienso que las paredes pueden oírte...
Soy lunática, ya sabéis quién he sido antes de convertirme es esto. Bueno, Eva ya me trae más pastillas, he de dejaros. Yo no estoy loca, creo.