jueves, 10 de mayo de 2012

Un poco de mí, que ya es hora.

Hoy me he levantado realmente bien, Eva, la enfermera, no ha pasado por mi habitación, osea, que estoy totalmente lúcida, a si que aprovecho para contaros un poco sobre mí, ¿Os apetece?
Todo empezó una soleada mañana de primavera, nací con ocho meses y un peso de tres kilos y pico... Mi infancia fue como la de cualquier niña, crecí con el Barrio Sésamo, los Simpsons, Oliver y Benji, los looney tunes, el inspector Gadget, la familia picapiedra, con dinosaurios, Tom y Jerry... Y podría seguir así todo el día.  No viajaba mucho, mi familia era perfecta, tenía dos hermanos mayores que hacía todo lo horrible que podéis imaginar. Pero por lo demás una chica normal. A medida que iba creciendo, allá por los 12 y 13 años, la cosa empezó a cambiar, me volvía paranoica, pensando que todo el mundo hablaba de mí, empecé a preocuparme de mi peso, a intentar cambiar mi aspecto físico, e incluso, cuando tenía que decir la lección en clase no lo hacía porque pensaba que me iban a mirar todos mis defectos. A los 15 años padecía de anorexia. Hasta los 17 no me recuperé. Estuve más de un año pesando 29 kilos, cuando medía 1'76 metros. A los 18 mis padres me internaron en un centro de psiquiatría para tratarme los problemas mentales y de autoestima que tenía. Salí a los 19 recién cumplidos, ya estaba curada de la anorexia, pero otros problemas desencadenados por eso empezaron a surgir. Empecé a desconfiar de la gente que tenía más cercana, y cuando me decían cualquier cosa, o cuando hablaban entre ellos, siempre pensaba que tramaban algo contra mí. Afortunadamente no me pasaba siempre, cosa bastante rara en un trastorno mental. Con 20 años y pico me internaron de nuevo en un psiquiátrico, en el cual estoy ahora mismo, aquí me dan tranquilizantes muy fuertes cada vez que empiezo a ponerme nerviosa. Ahora mismo tengo 22, ya me conozco este sitio como si fuera mi propia casa... pero aún así, pienso que las paredes pueden oírte...
Soy lunática, ya sabéis quién he sido antes de convertirme es esto. Bueno, Eva ya me trae más pastillas, he de dejaros. Yo no estoy loca, creo.

miércoles, 9 de mayo de 2012

El amor te lo encuentras donde no lo esperas.

Esta mañana he viajado al pasado, al siglo XVII, sobre el 1673, tan solo en unas horas, he encontrado a alguien que me quiere, lástima que sea esquizofrénica y que solo sea feliz y esté tranquila cuando tengo más calmantes en el cuerpo que un hombre en una operación a corazón abierto. Lástima que viva en mundos paralelos... O quizás no...

A día de hoy mi cometido no es otro más que acompañar a mi amo; llevo sirviendo al Conde Wasser más de tres años, y hace cuatro lunas aproximadamente, empecé a notar un comportamiento extraño hacia mí; él está mucho más amable, no me obliga a vestirle ni a bañarle, costa que antes tenía que hacer dos veces por semana. Hace dos noches me pidió que si podía cocinar algo especial, y que si no era mucha molestia, le acompañara en la cena. Acepté.
El Conde no sabe que sé leer y escribir, y que estoy educada en la Fe cristiana, a pesar de mi procedencia árabe, tampoco que desde que era una niña, siempre he sentido admiración por su poder.
En medio del primer plato, me llamó por mi nombre, algo que no había hecho antes, porque sería rebajarse a mi nivel de sirvienta.
Estuvimos manteniendo una conversación de lo más agradable, me habló sobre los múltiples negocios que había pactado con el Rey Carlos II; hizo algún elogio que otro a su preciado caballo, e incluso me dio las gracias por la cena, que, cito textualmente: "El mejor cordero que mi paladar ha tenido la ocasión de degustar".
Cuando acabó la velada, me acompañó a unos aposentos que había obligado a las criadas a prepararme, en el mismo piso que el suyo propio, me soltó del brazo en la puerta y me dijo: "Espero devolverte toda la dedicación que me has mostrado en estos años, y la mejor manera para hacerlo, es pedirte que seas mi esposa a los ojos de Dios"

Y ahí me desperté. Ni si quiera sabía cual era mi nombre... A veces me pasa, que sé que existo, pero no sé quién soy. Ha sido, de hecho, una de las alucinaciones más logradas por mi cabeza... todos los datos históricos, la forma de cocinar, los recuerdos que tenía de esclava... Jamás había estudiado estos comportamientos, pero mi cabeza ya los conocía. Algunas veces pienso que he tenido más vidas que esta, y que tendré otra con más suerte en el futuro.

Soy Lunática, y no estoy loca, creo...

martes, 8 de mayo de 2012

El fin es solo el principio.

Ayer soñé, o lo que sea, que era un mendigo. Es realmente duro, ya que, cuando yo sueño, lo doy todo para que sea lo más creíble posible, y para ello, necesito meterme de lleno. Pero basta de palabras absurdas, que yo, lunática, voy a empezar...
3, 2, 1...

Empezamos el acto con un personaje ficticio, representando a un mendigo, el cual está sentado en la calle con una cesta en la mano pidiendo limosna.
El supuesto mendigo ve pasar una y otra vez a cientos de personas en una calle muy transitada, pero ninguno de estos individuos se para.
¿Quién es en realidad ese mendigo? ¿Qué ha sido antes de tener que estar en la calle pidiendo calderilla?
El personaje ficticio empieza a deprimirse cuando llega la noche, tan solo ha conseguido unas pocas monedas y un chicle de alguien con muy poco corazón.
Aunque... El mendigo se pone a pensar, ya no sabe si desvaría por el hambre, o de verdad sus pensamientos son lúcidos. ¿Quién tiene menos corazón, el individuo que al menos ha visto al mendigo, aunque le haya echado un desperdicio, o quién ni si quiera ha notado su presencia? ¿Debería llamarlos personas...?
El frío empieza a entrar por sus pulmones, a helar su cuerpo desde dentro. No tiene ningún cobijo, tan solo una vieja y roída manta. Se dispone a sentarse al calor de un portal, pero, sin quererlo, se echa a llorar. Él era tan feliz, tenía la vida perfecta que cualquier persona hubiera soñado, pero, la vida te puede dar un giro de 90º.
Tan desolado se encuentra, y tan oscuro ve su futuro más inmediato, que no decide otra cosa más que quitarse la vida. Tan solo tiene que buscar el modo, lo más sutil posible, para no llamar la atención y no ser visto por los medios de comunicación; su familia piensa que se fue con otra mujer, pero solo dijo eso para protegerlos de algo peor.
Encuentra el lugar idóneo: un acantilado. Coge los últimos recuerdos de sus dos hijas y se lanza al vacío.
Y en el momento antes de chocar contra el mar, se da cuenta que el lugar donde acabamos es el mismo desde donde empezamos. De la nada.

Ahí me desperté de mi "sueño" si quieres llamarlo así; realmente son sucesos que si quieres aprender de ellos, te pueden cambiar la vida.
Soy lunática, no estoy loca, creo..., y doy gracias por seguir viva.

Yo vivo todas las noches. ¿Y tú? ¿Lo haces durante el día?

Ey, tú, sí, el que está leyendo esto, ¿Te has planteado alguna vez cuáles son las metas para tu vida? ¿No? ¿Y a qué esperas? Yo ya lo he hecho, ¿Sabes qué es lo que quiero hacer con mi vida?:
 Conseguir ayudar a un gran número de personas. Conseguir una medalla en un evento deportivo. Aprender a tocar el piano. Irme de Aur Pair a California. Conseguir un doctorado. Independizarme. Volver a llorar de felicidad. Casarme con alguien de quien esté enamorada. Comprar un Purasangre Inglés.  Adoptar a un niño. Ver crecer a mi hijo. Tener un pastor alemán, o en su defecto un doberman llamado Rufo.  Trabajar en algo que me guste. No haber fumado (no una calada, fumar de verdad) en toda mi vida. Pilotar un avión. Viajar por el mundo. Aceptar cualquier reto (que me conlleve algo positivo) que me propongan. Devolver todo el cariño recibido de mis padres. Hacer realidad mis propósitos.
Ser feliz.

Yo, no estoy loca, creo..., estoy un un psiquiátrico, pero soy feliz, porque en mis sueños todo esto ya lo he logardo. Soñar es gratis amigos. Vivir no.